Rotundamente si, la velocidad de marcha se ha posicionado como uno de los biomarcadores funcionales más reveladores en la evaluación de la salud de nuestros adultos mayores. Este parámetro no es simplemente una medida de cuán rápido se desplaza una persona, sino un predictor clínico validado que, ante una pérdida de velocidad mínima, que podría ser inapreciable con un cronómetro, puede señalar un deterioro significativo en el estado funcional, incrementando el riesgo de caídas, hospitalizaciones y dependencia.
La Relevancia Clínica de la Velocidad de Marcha
Diversos estudios han demostrado que:
- Una reducción sutil en la velocidad de marcha se asocia con un mayor riesgo de complicaciones en la salud.
- Se trata de un indicador sensible y específico, capaz de predecir tanto la supervivencia como el deterioro funcional.
- Su medición es rápida y no invasiva, lo que la convierte en una herramienta valiosa para la detección temprana de la fragilidad.
Aunque tradicionalmente se ha estudiado en adultos mayores, un equipo internacional de cientìficos ha llegado a una cruel conclusión gracias a datos recopilados durante décadas: las personas que caminan más despacio a los 45 años envejecen más rápido. La velocidad de marcha a esa edad es un indicador no solo del envejecimiento corporal, sino también del envejecimiento cerebral, según revela un reciente estudio.
El Papel Innovador de la Farmacia en la Prevención
Frente a la saturación de la atención primaria, es imprescindible encontrar alternativas que permitan descongestionar el sistema sanitario y promover la prevención. Aquí es donde las farmacias comunitarias pueden marcar una gran diferencia:
- Accesibilidad y Proximidad: Las farmacias se encuentran distribuidas de forma estratégica en la comunidad, permitiendo un contacto rápido y frecuente con la población.
- Cribados Rápidos y Eficientes: Con la tecnología adecuada, la medición de la velocidad de marcha puede realizarse en menos de un minuto.
- Derivación Temprana: Una evaluación oportuna permite identificar a los pacientes en riesgo —incluso aquellos a partir de los 45 años— y derivarlos para intervenciones especializadas basadas en ejercicio multicomponente y nutrición personalizada.
En este contexto, la farmacia no solo se consolida como un punto de atención primordial, sino que también se posiciona como un eslabón esencial en la prevención y el manejo de la fragilidad.
Conclusión
Integrar la medición de la velocidad de marcha en el ámbito farmacéutico representa una estrategia innovadora para mejorar la detección temprana de la fragilidad. Al aprovechar la accesibilidad y la capacidad de las farmacias para realizar cribados rápidos, podemos dar un paso decisivo para descongestionar el sistema de salud y, sobre todo, mejorar la calidad de vida de nuestros adultos mayores.
Si queremos evitar que nuestros mayores lleguen tarde al diagnóstico de fragilidad, debemos empezar a medir cómo caminan. La velocidad de marcha es, sin duda, una «prueba de esfuerzo geriátrica» que la farmacia está más que preparada para integrar en su práctica diaria. Además, al considerar estudios que incluyen a personas a partir de los 45 años, reforzamos la idea de que este parámetro es útil para detectar, de manera temprana, cambios sutiles en la función motora que podrían presagiar deterioros posteriores.
Referencias
Fritz, S., & Lusardi, M. (2009). Walking speed: the sixth vital sign. Journal of Geriatric Physical Therapy, 32(2), 2-5.
Perry, J. & Burnfield, J. M. (2010). Gait Analysis: Normal and Pathological Function (2ª ed.). SLACK Incorporated.
https://jamanetwork.com/journals/jamanetworkopen/fullarticle/2752818