En una reciente reflexión clínica, Felipe Isidro, catedrático en Ciencias de la Actividad Física y del Deporte, recuerda algo fundamental en el abordaje del envejecimiento funcional:
la velocidad de la marcha en 4 metros es uno de los biomarcadores más robustos en geriatría.
No por sofisticada.
Precisamente por su simplicidad.
Caminar a ritmo habitual durante unos segundos no evalúa solo el aparato locomotor.
Refleja integración neuromuscular, equilibrio, reserva funcional, fatiga, seguridad al moverse y, en última instancia, capacidad de autonomía.
Por eso la literatura científica ha relacionado de forma consistente la velocidad de marcha con:
- sarcopenia
- fragilidad
- pérdida de independencia funcional
- riesgo de caídas
- hospitalización
- mortalidad por todas las causas
No como intuición clínica, sino como evidencia repetida.
Además, no es un marcador exclusivo de edades muy avanzadas.
Existen valores normativos por edad y sexo que permiten detectar deterioro funcional antes de que aparezca la discapacidad.
El verdadero problema no es saber que hay que medirla
sino cómo se mide
En muchos entornos clínicos la velocidad de marcha:
- se mide con cronómetro manual
- sin protocolo estandarizado
- sin registro longitudinal
- o directamente no se mide
Y en geriatría, decidir sin medir bien es decidir con información incompleta.
No es lo mismo decir:
“parece que camina mejor”
que poder afirmar:
“ha mejorado 0,12 m/s”
Medir función cambia la conversación clínica.
Una medición objetiva y reproducible permite:
- mejor toma de decisiones
- derivación adecuada
- seguimiento real
- contextualizar intervenciones terapéuticas
Medición profesional de la velocidad de marcha
En este contexto, herramientas específicas como Speed-Age permiten realizar mediciones estandarizadas, objetivas y registrables en el tiempo, aportando datos clínicamente útiles para la evaluación funcional del adulto mayor.
No se trata de tecnología llamativa.
Se trata de criterio clínico apoyado en medición precisa.
A veces, para entender cómo está realmente una persona mayor,
no hacen falta más pruebas.
Solo verla caminar unos metros.
Y saber interpretar bien lo que ese dato significa.
Fuente: Reflexión clínica de Felipe Isidro sobre la medición de la velocidad de la marcha

