Este post se lo dedico a mi amiga MACARENA.
Cuando lo leas, vas a saber perfectamente por qué.
Esta es una historia real.
Y es una historia triste.
Esto no me pasó a mí.
Me lo contó ANTONIA.
ANTONIA ve mis historias.
Lee lo que publico.
Me escucha cuando hablo de función física, de velocidad de la marcha, de fragilidad.
Y un día, después de leerme, habló con su madre.
“Mamá, igual lo que te pasa no sale en los análisis. Igual habría que medir cómo caminas, cómo te mueves.”
Porque su madre llevaba tiempo así:
• Cansada
• Cada vez más lenta
• Con miedo a caerse
• Sin ganas de salir
Su frase era: «yo no se lo que me pasa pero yo no estoy bien». A todo esto le añadimos las caídas, vamos, es una persona fragil de MANUAL.
Habían hecho todo lo que se supone que hay que hacer:
• Médico de cabecera
• Urgencias (varias veces)
• Pruebas
• Analíticas
Todo “normal”.
O, como mucho, “lo suyo, bien controlado”.
Pero ella no estaba bien.
El momento clave
ANTONIA acompaña a su madre a un médico privado.
Ya cansadas.
Ya frustradas.
Y se atreve a preguntar:
“Oiga, ¿mi madre puede ser frágil?”
La respuesta fue una mirada rara.
Y algo parecido a:
“Hombre… ¿qué quieres? No sé muy bien qué pregunta es esa.”
Silencio.
Y ahí se rompe algo
Porque ANTONIA no estaba preguntando una tontería.
Estaba preguntando lo único que nadie había mirado.
No hablaba de una enfermedad nueva.
Hablaba de cómo camina su madre.
De cómo se mueve.
De si está perdiendo autonomía.
Pero como:
• No es “su médico”
• No es una urgencia vital
• No hay un valor fuera de rango en un informe
👉 No se tiene en cuenta.
El problema no es solo el médico
El problema es el sistema.
Un sistema que:
• Mide cifras
• Controla patologías
• Pero no mide la función física
La fragilidad no sale en una analítica.
No se ve en una radiografía.
No aparece en un informe de urgencias.
Pero existe.
Y cuando no se detecta, te va apagando poco a poco.

