La relación entre la velocidad de marcha y fragilidad en el adulto mayor es uno de los indicadores más sólidos en la salud del adulto mayor para predecir eventos adversos.
Durante años se ha medido fuerza, tensión arterial, glucosa…
Pero la variable que más predice discapacidad, hospitalización y mortalidad en los mayores es:
👉 La velocidad de marcha.
Y no solo la velocidad. También la regularidad del paso y la estabilidad vertical durante la zancada.
Hoy quiero enseñarte algo clave.
1️⃣ Aceleración vertical en la marcha: lo que no se ve a simple vista



En una persona robusta, la curva es armónica, repetitiva y estable, con baja variabilidad entre ciclos. En cambio, en una persona frágil aumenta la dispersión, aparecen picos irregulares y se pierde el patrón armónico, generando mayor ruido biomecánico.
📌 Esa variabilidad es pérdida de control neuromuscular.
📌 Y la pérdida de control precede a la caída.
📌 Y la caída precede a la discapacidad.



La velocidad de marcha no es solo rapidez. Es reserva fisiológica. Y su alteración precede a la discapacidad.
Sin embargo, no se trata únicamente de cuánto camina una persona, sino de cómo lo hace. Cuando aparece mayor variabilidad en la zancada, pérdida de regularidad, menor armonía en la aceleración vertical o un descenso por debajo de 1 m/s, lo que estamos observando es una pérdida progresiva de control neuromuscular y de capacidad de adaptación del sistema. Esa alteración no ocurre de forma brusca; es un proceso silencioso que empieza mucho antes de la primera caída, antes del ingreso hospitalario y antes de la dependencia funcional.
La fragilidad no comienza cuando alguien necesita ayuda para vestirse o levantarse de una silla. Comienza cuando el organismo pierde reserva y deja de responder con eficiencia ante pequeñas demandas físicas. La marcha se convierte entonces en un marcador global de salud porque integra función muscular, control neurológico, equilibrio, capacidad cardiovascular y estado cognitivo. Cuando la velocidad disminuye y el patrón se vuelve irregular, estamos ante una señal de vulnerabilidad que no debería ignorarse.
La buena noticia es que la prefragilidad es un estado reversible si se detecta a tiempo. La evidencia es clara: el ejercicio multicomponente bien prescrito, el soporte nutricional adecuado y el seguimiento estructurado pueden mejorar la función física y retrasar la progresión hacia la discapacidad. Pero para intervenir primero hay que medir. Sin medición objetiva no hay prevención real. Y sin prevención, llegamos tarde.
En el acompañamiento del adulto mayor no todo vale. Hace falta conocimiento, criterio clínico, herramientas adecuadas y una visión multidisciplinar. La marcha no es un dato accesorio; es un indicador central de autonomía futura. Medirla no es una opción secundaria, es una decisión estratégica en salud.
La marcha es el sexto signo vital.
No medirla es perder la oportunidad de intervenir a tiempo.
Gráficos conceptuales con fines divulgativos basados en evidencia científica disponible.
Bibliografia:
Studenski S, Perera S, Patel K, et al. Gait speed and survival in older adults. JAMA. 2011;305(1):50–58. doi:10.1001/jama.2010.1923
Abellan van Kan G, Rolland Y, Andrieu S, et al. Gait speed at usual pace as a predictor of adverse outcomes in community-dwelling older people. J Nutr Health Aging. 2009;13(10):881–889. doi:10.1007/s12603-009-0246-z
Cesari M, Kritchevsky SB, Penninx BWJH, et al. Prognostic value of usual gait speed in well-functioning older people—results from the Health, Aging and Body Composition Study. J Am Geriatr Soc. 2005;53(10):1675–1680. doi:10.1111/j.1532-5415.2005.53501.x
Verghese J, Wang C, Lipton RB, Holtzer R. Quantitative gait dysfunction and risk of cognitive decline and dementia. N Engl J Med. 2007;356(20):2027–2036. doi:10.1056/NEJMoa061529
Dent E, Martin FC, Bergman H, Woo J, Romero-Ortuno R, Walston JD. Management of frailty: opportunities, challenges, and future directions. Lancet. 2019;394(10206):1376–1386. doi:10.1016/S0140-6736(19)31785-4
World Health Organization. Integrated care for older people (ICOPE): Guidelines on community-level interventions to manage declines in intrinsic capacity. Geneva: WHO; 2019.

