La valoración de la función física: medir es importante, pero el seguimiento lo cambia todo

En la práctica clínica diaria, la valoración de la función física en personas mayores ha ganado protagonismo en los últimos años. Sin embargo, existe un error frecuente que limita su verdadero impacto: medimos… pero no siempre hacemos seguimiento.

Y es precisamente en el seguimiento donde reside la capacidad de transformar los resultados en salud.

Más allá de la medición puntual: detectar es solo el primer paso

Cuando evaluamos a una persona y obtenemos una velocidad de marcha por debajo de 1 m/s, no estamos ante un dato aislado ni ante una consecuencia inevitable del envejecimiento.

Estamos ante una señal precoz de deterioro funcional.

Una señal que indica que:
   •   La capacidad física está empezando a disminuir
   •   El riesgo de eventos adversos (caídas, hospitalización, dependencia) aumenta
   •   Y, lo más importante: estamos en un momento todavía reversible

Aquí es donde cobra sentido una intervención estructurada basada en:
✔ ejercicio multicomponente
✔ soporte nutricional adecuado
✔ y un seguimiento periódico

Porque sin seguimiento, no hay evolución.
Y sin evolución, no hay impacto real en la vida del paciente.

El punto crítico: cuando la velocidad de marcha baja de 0,8 m/s

Cuando la velocidad de marcha desciende por debajo de 0,8 m/s, entramos en una fase de mayor vulnerabilidad.

En este punto, hay aspectos clínicos que no pueden pasarse por alto.

Uno de ellos, fundamental y muchas veces infravalorado, es preguntar directamente:

¿Ha sufrido alguna caída en el último año?

La respuesta, en la práctica, suele ser reveladora.

Muchas personas:
   •   Han sufrido caídas
   •   Las normalizan
   •   No las identifican como un problema de salud

Y esto cambia completamente el abordaje.

Porque ya no estamos solo ante una pérdida de capacidad funcional, sino ante un riesgo real de eventos graves, como fracturas, pérdida de autonomía o institucionalización.

¿Qué medir? La importancia de priorizar correctamente

Existen múltiples herramientas validadas científicamente para valorar la función física:
   •   Dinamometría (fuerza prensora)
   •   Test de levantarse de la silla
   •   Velocidad de marcha

Todas ellas aportan información relevante.
Pero no todas tienen el mismo peso clínico.

  1. Velocidad de marcha: el indicador global de la funcionalidad

La velocidad de marcha es, hoy en día, uno de los biomarcadores funcionales más robustos.

No mide solo la capacidad de caminar.

Integra múltiples sistemas:
   •   fuerza muscular
   •   equilibrio
   •   coordinación
   •   función neurológica
   •   capacidad cardiorrespiratoria

Y, sobre todo, refleja algo clave: la capacidad real de una persona para mantener su independencia

Por eso, debe situarse como la herramienta principal de cribado y seguimiento.

  1. Test de levantarse de la silla: fuerza funcional aplicada

El test de levantarse de la silla aporta una visión práctica de la fuerza del tren inferior.

Nos indica:
   •   capacidad para realizar actividades básicas
   •   autonomía en movimientos cotidianos
   •   riesgo de deterioro progresivo

Es una herramienta complementaria, especialmente útil en la valoración global.

  1. Dinamometría: información complementaria

La fuerza prensora, medida mediante dinamometría, tiene una sólida base científica y se asocia con múltiples resultados en salud.

Sin embargo, su interpretación debe contextualizarse.

No define por sí sola la funcionalidad global del paciente

Por eso, su papel es complementario dentro de una valoración más amplia.

Speed-Age: precisión, seguimiento y toma de decisiones

En este contexto, la medición de la velocidad de marcha con dispositivos automatizados como Speed-Age aporta un valor diferencial:
   •   Registro preciso y reproducible
   •   Detección de cambios mínimos (incluso de 0,05 m/s)
   •   Eliminación del error humano
   •   Seguimiento longitudinal estructurado

Esto permite no solo detectar el problema, sino demostrar la evolución del paciente en el tiempo.

Y ahí es donde el modelo cambia.

Porque cuando el profesional dispone de datos objetivos y comparables:
👉 puede intervenir antes
👉 puede ajustar el tratamiento
👉 y puede evidenciar mejoras reales

La clave: medir, intervenir y volver a medir

La valoración de la función física no debe entenderse como un acto aislado.

Debe formar parte de un proceso:

1️⃣ Medir
2️⃣ Interpretar
3️⃣ Intervenir
4️⃣ Hacer seguimiento

Solo así conseguimos el verdadero objetivo: mejorar la capacidad funcional y mantener la independencia de la persona

Una idea clave

Si tuviéramos que resumir todo en una sola frase: “La fuerza orienta, pero la velocidad de marcha define la independencia.”

📚 Referencias:

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