La actualización de 2026 del consenso del Sistema Nacional de Salud sitúa la capacidad funcional, la detección precoz y la intervención como elementos fundamentales para un envejecimiento saludable.
Vivir más años ya no es el único objetivo. El verdadero reto es conseguir que esos años se vivan manteniendo durante el mayor tiempo posible la autonomía y la capacidad funcional.
Esta visión acaba de recibir un importante impulso institucional. El Ministerio de Sanidad ha publicado la Actualización del documento de consenso sobre prevención de la fragilidad y caídas en la persona mayor (2026), aprobada por el Consejo Interterritorial del Sistema Nacional de Salud el 9 de abril de 2026. actualizacionDoc_FragilidadyCaidas_personamayor2026.pdf
Un documento especialmente relevante porque sitúa la prevención del deterioro funcional como una cuestión prioritaria y establece un modelo basado en una idea fundamental:
detectar precozmente la pérdida de capacidad para poder intervenir antes de que aparezcan discapacidad y dependencia.
La función física se puede medir
La fragilidad no debe entenderse simplemente como una consecuencia inevitable de cumplir años.
El propio documento señala que es potencialmente reversible, especialmente en sus estadios tempranos, y considera fundamental su detección precoz.
Para ello, el nuevo consenso recomienda realizar detección precoz de fragilidad y riesgo de caídas en las personas de 70 años o más, tanto desde Atención Primaria como desde el ámbito comunitario, con posterior derivación al sistema sanitario cuando corresponda.
Entre las pruebas preferentes para detectar deterioro funcional aparecen dos herramientas especialmente relevantes:
Velocidad de la marcha sobre 4 metros. Una velocidad inferior a 0,8 m/s se considera indicativa de alta probabilidad de fragilidad.
SPPB (Short Physical Performance Battery). Evalúa tres componentes esenciales de la función física: equilibrio, velocidad de la marcha y capacidad para levantarse de una silla. Una puntuación inferior a 10 indica alta probabilidad de fragilidad.
El documento sitúa ambas alternativas al mismo nivel para orientar posteriormente las intervenciones mediante ejercicio físico multicomponente.
La fuerza también importa
La actualización de 2026 incorpora además una reflexión especialmente interesante sobre la valoración de la fuerza.
El Ministerio recoge evidencia sobre la utilización del test de levantarse de la silla (Sit-to-Stand) para evaluar la fuerza de las extremidades inferiores y destaca su sencillez, bajo coste y facilidad de utilización.
El documento apunta además hacia un futuro en el que las pruebas funcionales sencillas puedan combinarse con tecnologías avanzadas para mejorar la detección y el manejo de la fragilidad.
Esto supone un cambio de paradigma importante: no esperar únicamente a que exista una enfermedad o una dependencia evidente, sino disponer de indicadores objetivos capaces de mostrar que la función física está comenzando a deteriorarse.
La prevención sale también del centro de salud
Otro de los grandes avances del consenso de 2026 es su visión comunitaria.
El documento contempla expresamente la identificación y captación de personas mayores no solamente desde el sistema sanitario, sino también desde farmacias comunitarias, centros residenciales sociosanitarios, asociaciones de pacientes, centros de personas mayores y servicios sociales, estableciendo mecanismos de coordinación y derivación hacia Atención Primaria.
La prevención del deterioro funcional puede, por tanto, acercarse allí donde están las personas.
Longevidad Activa™: medir para poder actuar
Este nuevo marco institucional refuerza el enfoque sobre el que se desarrolla Longevidad Activa™.
El método parte de una premisa sencilla:
lo que no medimos, difícilmente podemos detectar que está cambiando.
Por ello, Longevidad Activa™ integra la valoración objetiva de diferentes dimensiones de la función física, incluyendo velocidad de marcha, capacidad funcional del tren inferior y fuerza prensora, junto con otros parámetros que permiten obtener una visión más amplia de la persona.
Estas mediciones no pretenden sustituir el diagnóstico médico.
Su finalidad es identificar cambios funcionales, realizar seguimiento, orientar intervenciones dentro de las competencias de cada profesional y establecer criterios de derivación cuando sea necesario.
La tecnología facilita la medición.
La metodología permite interpretar y ordenar el proceso.
Y los profesionales convierten esa información en prevención.
De medir fragilidad a preservar capacidad.
Quizá el cambio más importante sea incluso conceptual.
No deberíamos comenzar a preocuparnos por la función física únicamente cuando una persona ya presenta limitaciones evidentes.
La propia actualización de Sanidad recuerda la importancia de una perspectiva de curso de vida y de promover estilos de vida saludables durante todas las etapas de la vida.
Ese es también uno de los objetivos de Longevidad Activa™: avanzar desde un modelo centrado exclusivamente en detectar fragilidad hacia otro capaz de medir, seguir y preservar la capacidad funcional a lo largo del envejecimiento.
Porque el reto de la longevidad no consiste solamente en añadir años a la vida.
Consiste en llegar a esos años conservando la capacidad para seguir viviendo de forma autónoma.
Fuente: Ministerio de Sanidad. Actualización del documento de consenso sobre prevención de la fragilidad y caídas en la persona mayor (2026). Aprobado por el Consejo Interterritorial del Sistema Nacional de Salud el 9 de abril de 2026. actualizacionDoc_FragilidadyCaidas_personamayor2026.pdf

