EJERCICIO Y NUTRICIÓN EN EL ADULTO MAYOR.

EJERCICIO

La terapia que ha demostrado mayor eficacia hasta el momento para prevenir y tratar la fragilidad es el ejercicio físico, que ha demostrado reducir la mortalidad y la discapacidad en ancianos, al mantener la masa muscular, aumentar la fuerza y la funcionalidad, estabilizar la densidad mineral ósea y favorecer el metabolismo hidrocarbonado yla dinámica cardiovascular.

Existen cuatro tipos principales de ejercicio: Fuerza, de resistencia, de equilibrio y de flexibilidad que detallaremos en nuestro próximo post explicando beneficios, tipos y recomendaciones en mayores. Se han descrito programas de entrenamiento incluso en nonagenarios, por lo que la edad no es una contraindicación para el ejercicio. La única condición es que debe ser un entrenamiento individualizado y adaptado a las condiciones físicas del mayor, teniendo en cuenta que no precisan grandes intensidades para conseguir BENEFICIOS FUNCIONALES INICIALMENTE. de hecho se recomienda comenzar con intensidades de alrededor del 40%.

NUTRICIÓN

La malnutrición, la anorexia y la pérdida de peso se han relacionado con la aparición de fragilidad. por ello, una valoración e intervención nutricional apropiada resulta imprescindible para su prevención y tratamiento. Se ha demostrado la eficacia en la dieta mediterránea, las recomendaciones dietéticas y la suplementación oral hiperproteica y con diferentes compuestos como la vitamina D, el hidroximetilbutirato o la leucina, casi siempre acompañadas de ejercicio en el tratamiento de la fragilidad, consiguiendo mejorías en la función física, calidad de vida y composición corporal.

Recientemente, al suplementación nutricional ha demostrado un valor añadido, reduciendo la grasa intermuscular destacando los efectos de la ingesta de proteínas y aminoácidos sobre el músculo en personas mayores.

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