FUNCIÓN O FUNCIONALIDAD EN EL ADULTO MAYOR.

Desde  un punto de vista clínico se entiende por función o funcionalidad la capacidad de realizar actividades motoras que requieren acciones musculares y que nos van a permitir vivir de forma INDEPENDIENTE. Está compuesta por dos grandes dominios como son la FUNCIÓN FÍSICA/LIMITACIÓN FUNCIONAL (capacidad/incapacidad para realizar tareas motoras simples o individuales como caminar, agacharse, o llevar objetos) y la CAPACIDAD/DISCAPACIDAD (posibilidad/imposibilidad para realizar actividades, tareas y roles socioculturales definidos dentro de un entorno físico y sociocultural, como conducir, comprar o bañarse). La reducción de la capacidad intrínseca asociada al envejecimiento, que en fases iniciales constituye la fragilidad, facilita que cambios leves en la homeostasis motivados por la enfermedad crónica, condiciones de salud, fármacos, estresores mentales o condicionantes sociales desencadenen en discapacidad.

La pérdida de función de los siguientes dominios: la movilidad, la cognición, los sentidos, la capacidad psicológica y la vitalidad llevan al adulto mayor a un estado de fragilidad o dependencia. Todos estos atributos pueden ser medibles o caracterizables.

De la misma forma que para todos los sanitarios es muy útil medir y tratar déficits o alteraciones como: insuficiencia cardíaca, insuficiencia renal o deterioro cognitivo, gracias a la tecnología y a la investigación hoy en día podemos medir y hacer un seguimiento cuantitativo de la función física del adulto mayor. La pérdida de función física nos lleva a un estado de prediscapacidad. La medición de la velocidad de marcha es fundamental para la detección y prevención de la fragilidad en el mayor.

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